lunes, 13 de mayo de 2013

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De la crisis que propició la peste negra en el siglo XIV a los años del hambre del primer franquismo; de la depresión del XVII con los Austrias a las subprime, la prima de riesgo y los rescates... Un repaso histórico por los peores momentos de la economía de España.
Cuando el común de los ciudadanos descubrió en verano de 2007 lo que era una hipoteca subprime y un año después implosionaba Lehman Brothers, en España aún se presumía de tener una economía de Champions League. Un lustro después, el país va ya por su segunda recesión, la sociedad se ahoga con más de seis millones de parados, las empresas salvan sus resultados sólo en función del peso de su negocio internacional, la banca -antaño 'la más sólida del mundo' (Zapatero dixit)- ha tenido que ser rescatada por Europa... y la recuperación no está y no se la espera al menos hasta 2016. Esa España de Champions League se ha convertido en uno de los patitos feos de la Unión Europea.
Nadie duda de que la actual crisis es por su profundidad, su persistencia y sus múltiples implicaciones un fenómeno histórico. Otras la precedieron. Algunas más duras, y más duraderas. Ahora que tanto se habla aún de la herencia recibida, algunos historiadores siguen buceando en el pasado, al margen de luchas partidistas, para desgranar las herencias seculares que han llevado a nuestra economía a crecer o hundirse a lo largo de la historia. Dos libros publicados casi simultáneamente repasan de la Edad Media hasta (casi) anteayer los peores baches de la economía española: Crisis económicas en España. 1300-2012 (Alianza Editorial) y España en crisis. La grandes depresiones económicas, 1348-2012 (Pasado & Presente). Dos títulos que no son redundantes, sino complementarios, por sus diferentes enfoques: el primero analiza las crisis agrupándolas por sectores (demográficas, agrarias, comerciales, industriales, financieras...) y el segundo lo hace por fases cronológicas.
Cada tiempo tiene su crisis. Y conocerlas ayuda a comprender la naturaleza de nuestra economía y también los porqués de la crisis actual. De la depresión que propició la peste negra en la Edad Media a los años del hambre de la posguerra y el primer franquismo; de la quiebra del antiguo régimen en la primera mitad del XVIII a la crisis del petróleo y los problemas en la España de la transición a la democracia; de los efectos de la Gran Depresión del 29 en la Segunda República a la prima de riesgo, los rescates de la UE y el banco malo. De la mano de los dos títulos que coinciden hoy en las librerías, un repaso histórico por los peores momentos económicos de España.
LA PESTE NEGRA Y LA GRAN DEPRESIÓN MEDIEVAL.
La gran crisis bajomedieval es considerada un punto de inflexión a escala global (al menos lo que se consideraba global en la época). En Europa la peste negra supuso en el siglo XIV una debacle demográfica que se llevó por delante entre un tercio y la mitad de la población del continente, lo que provocó un auténtico colapso de la actividad económica, hundiendo la producción agraria y el consumo, así como la incipiente actividad industrial y también el comercio. A escala europea, además, la crisis supuso un debilitamiento de las estructuras feudales. En España las características de la crisis fueron particulares, y diferentes a las de los vecinos europeos.
Los efectos de la peste negra también se dejaron notar en la Península Ibérica a partir de 1348, pero con una incidencia muy desigual según las diferentes Españas, por lo que el impacto sobre la economía es también relativo (que no menor). No obstante, ya antes incluso de la llegada de la peste negra a mediados de la centuria, la Península había sufrido graves carestías y hambrunas por malas cosechas. Y, además, en el caso español tuvieron una mayor relevancia en la profundidad de la depresión bajomedieval las continuas guerras, que provocaron una elevada carga fiscal para financiarlas y posteriormente una imparable escalada de deuda. Las guerras no sólo impedían la normal actividad económica y comercial, asolaban cosechas y segaban vidas, sino que también había que pagarlas. El resultado fue una enorme crisis de deuda que acabó con varios entes de banca privada en diferentes reinos y que, por ejemplo, derivó en la quiebra del Reino de Mallorca en 1405.
EL DURO SIGLO XVII ESPAÑOL.
La Guerra de los Treinta Años, de 1618 a 1648, hizo tambalear la economía de toda Europa. Pero el caso español se agravó, además de por varias epidemias que socavaron las bases demográficas, por la insaciable política impositiva que los Austrias aplicaron para financiar su política imperial. "El formidable mecanismo de succión de recursos puesto a su servicio entre las décadas de 1570 y 1660 tuvo un papel estelar en el viraje hacia la crisis de la Corona de Castilla en el último cuarto del siglo XVI, en el deslizamiento hacia la depresión en el primer tercio del XVII y en la extrema lentitud de la recuperación posterior", subraya José Antonio Sebastián, profesor de Historia Económica de la Universidad Complutense de Madrid. Algunas estimaciones apuntan a que durante el reinado de Felipe II se llegó a acumular deuda por valor del 60% del PIB español a finales del XVI, un porcentaje que seguiría creciendo durante décadas.
La escalada fiscal de los Austrias castigó a los productores agrícolas más productivos y los mercaderes más prósperos, en beneficio de la nobleza y las oligarquías locales que financiaron la aventura imperial y acabaron por tomar un progresivo y creciente control de las tierras. Los cargos y prebendas que obtuvieron derivaron en un predominio de actividades poco productivas, lo que acentuó los efectos de la crisis y alejó las posibilidades de recuperación. Y al tiempo, la monarquía realizaba cesiones de poder a cambio de deuda y la fragmentación de la soberanía impedía una mayor integración de los mercados. "Sólo cuando la monarquía de los Austrias renunció en el tratado de Westalia (1648) a sus aspiraciones terriotriales en Europa, pudo España iniciar el largo trayecto de la recuperación. Degradada, eso sí, del rango de potencia europea al de nación periférica", sostienen los profesores Francisco Comín y Mauro Hernández, editores de Crisis económicas en España.
LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN.
El XIX español arrancó con dos crisis sucesivas de muy diferente carácter. La primera, de 1803 a 1805, fue una crisis aún de corte feudal, motivada por las malas cosechas y las epidemias. La segunda, de 1808 a 1814, fue consecuencia de la Guerra de la Independencia y se convirtió en la puntilla para las instituciones del Antiguo Régimen. La guerra provocó un grave problema para las haciendas públicas, que en muchos casos no pudieron afrontar los compromisos de deuda adquiridos para financiarla.
El resultado fue que muchos acreedores promovieron la privatización de bienes y tierras. Una suerte desamortización silenciosa e informal que, como contrapartida positiva, acabó por elevar la productividad una vez en otras manos y fomentaron el crecimiento económico entre 1815 y 1830. Un crecimiento más rápido, pero aún muy por detrás de los ritmos europeos; que aún estaba basado en un modelo muy tradicional en la mayoría de las regiones, que no implicó un cambio estructural por no apoyarse en un paralelo proceso de industrialización y urbanización, según recuerda Enrique Llopis, catedrático de la UCM, en España en crisis. No obstante, "todo ello sentó las bases para un periodo de cambios institucionales que, con números altibajos, culminaría en la instauración de un régimen liberal y un sistema capitalista en torno a la década de 1840, que permitieron el surgimiento de un nuevo modelo de crecimiento económico", apuntan Comín y Hernández.
LA PRIMERA CRISIS CAPITALISTA DE ESPAÑA.
España tuvo que esperar hasta bien entrado el XIX para sufrir su primera crisis típicamente capitalista. La de 1864-1874 fue 'por fin' una crisis financiera equiparable a las que ya habían padecido los vecinos europeos. Coincidiendo con otra crisis agraria, se empezaron a producir las primeras quiebras de compañías ferroviarias en el país, lo que arrastró a muchos bancos que también quebraron y suspendieron pagos, ahogando el crédito tras años de especulación, burbujas y enorme captación de capital externo. La liberalización bancaria había hecho que entre 1856 y 1865 el número de entidades bancarias pasara en el país de 13 a 58. La crisis financiera hizo que se volviera a pasar a 14 bancos en 1874.
Unos años después la gran depresión de la primera globalización afectó de lleno a España entre 1882 y 1897. La fuerte caída de los precios agrarios internacionales provocó una importante crisis del sector en el país que también tuvo secuelas industriales y financieras. La situación vino agravada, además, por la deuda pública emitida para financiar las guerras coloniales, muy singularmente la de Cuba. De la crisis se salió con una fuerte depreciación de la peseta, con proteccionismo arancelario y la repatriación de capitales de las colonias perdidas, lo que sirvió de base para crear grandes bancos e impulsar las empresas que se embarcarían en la segunda industrialización.
LA GRAN DEPRESIÓN Y LA SEGUNDA REPÚBLICA.
La gran depresión internacional que siguió al crash del 29 afectó de una manera muy particular, al menos por su menor intensidad, a la economía de la naciente Segunda República. "La recesión económica coetánea de la Segunda República fue similar a la sufrida por las democracias europeas, aunque menos profunda y más corta, pues en 1935 ya se había acabado. No puede hablarse de gran...

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